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Pacheco de Melo 1827, P.5º

C.A.B.A. | Argentina

¿Qué son los miedos?

¿Qué son los miedos?

El miedo es un sentimiento básico tanto en el ser humano como en todos los animales superiores.
Se trata de una reacción de defensa destinada a conservar la vida y que funciona a través del instinto de conservación.
De esta forma, se trata de un sentimiento normal que nos pone en guardia ante un peligro o un riesgo real.

La presencia de un animal agresivo, de una enfermedad que pueda poner en peligro la vida una situación desconocida, la pérdida de un afecto, de la seguridad de un trabajo puede generar temor o miedo a lo que pueda ocurrir en el futuro.

Sin duda el MIEDO desencadena una reacción de ansiedad. Ante el temor agudo, el organismo se prepara para huir o pelear. El corazón de acelera, aparece sudoración los músculos se tensan, hasta el pelo se eriza.

Estos mecanismos, repetimos, son normales y provienen de circuitos evolutivos que heredamos de nuestros antepasados y que en muchos casos aún nos son útiles.
Pero ocurre que los seres humanos no estamos igualmente dotados o provistos por igual de los mecanismos que manejan el miedo y la ansiedad.

Hay un grupo importante de personas, aproximadamente el 30 % que se encuentran predispuestos a sufrir algún tipo de miedos o sea Trastornos de Ansiedad.

En estos casos, dichos individuos pueden sufrir espontaneamente de ataques o crisis de temor. El organismo actúa como si un peligro o riesgo real estuviera acechando. Suena entonces la alarma. Se desencadena el proceso de la ansiedad.

El sujeto sufre entonces una crisis de pánico, su pecho se oprime, el corazón se acelera, hay temblor y sudoración.La alarma ha sonado pero en realidad nuingún peligro real acechaba.El organismo del sujeto actúo como si un riesgo de sofocación hubiese estado presente. Una falsa alrma.

En otros casos, la crisis, el miedo es desencadenado por la presencia de otro ser humano. El solo hecho de tener que hablar delante de gente, exponer, verse o sentirse observado, desencadena el ataque.

Otras veces, los miedos son producidos por insectos, animales pequeños (ratones, ratas arañas, pichones ) o animales grandes ( perros, gatos, caballos ) situaciones especiales, altura.

Otros temores comunes son a quedar encerrados sin poder escapar lo que provoca que el sujeto no suba a un ascensor hermético, no se haga una resonancia magnética, tema viajar en un colectivo de larga distancia que cierra sus puertas y lo que es lógico, tema subirse a un avión donde no sería recomendable bajarse a mitad de camino.

Hay otras personas que, genéticamente sufren un estado de ansiedad general. Siempre están temiendo una desgracia, su pensamiento automático es negativo, siempre esperan que ocurra algo malo. Temen a todo.

Los miedos son entonces, normales. Cuando son irracionales o desproporcionados al objeto que los provoca, se denominan fobias.

En las fobias, los temores pueden ser provocada, por causas externas, como ocurre con las fobias específicas (se llaman así a los temores a cualquier objeto del mundo exterior) o con la fobia social, o de adentro como en el pánico o la agorafobia.

Lo importante es que todos los miedos patológicos o anormales pueden y deben ser tratados. Casi todos tienen solución y son el producto de una enfermedad, de un trastorno y no el producto de un hecho del mundo exterior.

El problema depende más de la constitución y personalidad del sujeto que del objeto que presumiblemente lo produce.

Dr. Oscar R. Carrión

FOBIA A VOLAR

FOBIA A VOLAR

LIC. NORAH MICHELLI

Viajar en avión se ha convertido en un recurso imprescindible en la vida moderna. La globalización hace que las personas deban visitar oficinas en otras partes del mundo, y la economía empuja a muchos a emigrar, poniendo distancia entre ellos y sus seres queridos.

Volar se ha vuelto un recurso muy eficiente para acortar distancias y mundos.

Viajar en avión se ha convertido en un recurso imprescindible en la vida moderna. La globalización hace que las personas deban visitar oficinas en otras partes del mundo, y la economía empuja a muchos a emigrar, poniendo distancia entre ellos y sus seres queridos.

Volar se ha vuelto un recurso muy eficiente para acortar distancias y mundos.

Volar es una de las formas más seguras de viajar. Así lo prueba un estudio realizado por el Dr. Arnold Barnett, profesor de estadísticas del M.I.T. (Instituto Tecnológico de Massachusetts), según el cual la probabilidad de morir en un accidente aéreo es de ¡1 en 90 millones! Barnett comenzó a estudiar las estadísticas de los accidentes aéreos debido a su propia fobia a volar. Llegó a conclusiones muy interesantes que hechan por tierra mitos como que en un accidente aéreo no hay víctimas y también descubrió que los medios de comunicación otorgan un espacio muchísimo mayor de publicación a los accidentes aéreos que a otras causas mucho más frecuentes de muerte como el sida, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares,  etc.  De esta manera, se crean ideas distorsionadas de la realidad.

Asimismo,  la Junta Nacional de Seguridad del Transporte de los Estados Unidos de Norte América, registró para 2012, 35.531 víctimas fatales  en accidentes de transporte,  de las cuales 33.561 correspondieron a accidentes en  carreteras y sólo 449 a la aviación.

Sin embargo, 1 de cada 10 personas tiene miedo a volar y ni siquiera lo intentan y 20% lo hace pero con mucho malestar.

No todos temen lo mismo. Hay quienes temen estar encerrados, otros perder el control,  y muchos creen que una simple turbulencia puede hacer que el avión se rompa y caiga y morir.  Otros sufren ansiedad anticipatoria, es decir, piensan en el viaje y sufren pero una vez que están arriba del avión, el malestar pasa.

Pocos saben que nunca en la historia de la aviación comercial ha caído un avión por turbulencia. Esa idea irracional e ilógica y muchas otras son las que deben repensarse en un contexto terapéutico para poder liberarse de este trastorno.

La buena noticia es que los trastornos de ansiedad, entre los que se incluyen las fobias específicas, tienen buen pronóstico. A través de un tratamiento cognitivo conductual breve se puede superar esta ansiedad. 

En Fobia Club, brindamos un tratamiento de 6 a 8 sesiones, en el que incluimos:

·         Psicoeducación:  Damos información sobre cuestiones básicas de la aeronavegación y de los trastornos de ansiedad. El desconocimiento crea mucha ansiedad. Saber alivia y devuelve el control perdido.

·         Reestructuración cognitiva: Detectamos aquellas creencias que disparan la ansiedad y las desafiamos con lógica y datos. Enseñamos a pensar el tema de otra manera para que podamos vivirlo con tranquilidad.

·         Técnicas de relajación: Aprender a autorregular nuestras emociones es fundamental para poder reducir la ansiedad y manejar cualquier temor que pudiera surgir. Se aplican técnicas de respiración abdominal y relajación muscular.

·         Exposición: la exposición se realiza a través de visitas a aeropuertos y aviones en tierra. Hablamos con pilotos, mecánicos, tripulantes.  La exposición ayuda a habituarse al objeto fóbico y así desensibilizarse.

·         Medicación:  En algunos casos, el tratamiento farmacológico podría resultar de ayuda, pero será administrado de acuerdo a cada caso. En la Fundación, contamos con médicos psiquiatras que podrán evaluar al paciente y determinar si es necesario indicarlo. 

·         Vuelos terapéuticos grupales o individuales: Viajar con un terapeuta genera un contexto de tranquilidad que ayuda a exponerse por primera vez.  Sin embargo, a veces, debido a circunstancias personales,  el primer vuelo se hace con amigos o familiares y hay quienes simplemente ya se animan a volar solos.

Una vez que se ha vivido una primera experiencia volando, luego del tratamiento, el hecho de haberlo hecho sin temor, anima a seguir volando y entonces cada vez se vuela con mayor comodidad. Recuperar el placer de volar y poder alcanzar los fines deseados, como visitar familiares, ir de vacaciones con amigos, avanzar laboralmente, etc., ayudan a seguir exponiéndose y así superar completamente esta fobia.

Volar no es especialmente peligroso. Es una actividad humana como cualquier otra, con los riesgos de cualquier otra que realicemos a diario.

La fobia a volar es un problema que tiene solución. Es fácil de superar y se puede lograr en poco tiempo.  

LIC. NORAH MICHELLI

Fobia a los Sapos

Fobia a los Sapos

Mi nombre es Denise Yerien y tengo13 años. Desde pequeña tuve miedo a los sapos y a las ranas. Mi vida estaba limitada.
Esto ocurrió hasta el verano de 2003; me fui de vacaciones a un country. Presentía que iba a ser difícil pero no imaginé lo que ocurría.

A los 15 días tuve mi primer ataque. Vi una rana y se desencadenó el miedo. Sentí náuseas, lloraba, gritaba, quería que la sacaran.

Desde ese día me sentí intranquila.
Al día siguiente tuve otro ataque. Una rana estaba en mi bata de baño.
Volvió a ocurrir lo mismo. Hasta el día de hoy no puedo tocar la bata, aunque intente. Ese día tomé conciencia de que debía iniciar un tratamiento.

Al volver de mis vacaciones mis padres buscaron un lugar a donde recurrir.
Mirando la televisión descubrimos a la Fundación Fobia Club y nos pusimos en contacto con ellos. Asistimos a una charla informativa y decidí iniciar un tratamiento.

A la semana realicé una serie de estudios y tuve una consulta con el Dr. Oscar R. Carrión y él me derivó al Lic. Gustavo Bustamante.
Comencé el tratamiento el 26 de marzo de 2003.

Al principio sentía miedo e inseguridad porque no sabía qué iba a pasar, pero después fui tomando confianza y tranquilidad.

El tratamiento incluía el contacto con los sapos y las ranas. Llevé una rana de agua a mi casa y luego a la Fundación y allí fue mi primer acercamiento a ellas.
En el presente el miedo quedó atrás, puedo caminar tranquila, y tengo a un sapo llamado Perme de mascota.

Espero que mi testimonio les sirva para tomar conciencia y afrontar los miedos como lo hice yo, ya que seguramente no se dan cuenta de las cosas lindas y placenteras que se están perdiendo.

Así como siento que puedo vivir y disfrutar plenamente de momentos y situaciones que antes me provocaban disgusto.

Cualquier persona que quiera comunicarse conmigo puede hacerlo a mi casilla de e-mail: [email protected]

Fobia a las verduras

Fobia a las verduras

Si alguien me veia hace veinte años a la hora de comer, su conclusión era esta nena es una caprichosa, o con una mirada apuntando más al consentimiento que al deber, es chiquita todavía, no importa si no come verduras hoy, las va a comer mañana. El problema es que es habitual que los chicos pequeños hagan berrinches a la hora de comer verduras y que los padres y médicos, en vez de ponerse firmes, lo dejen pasar como una etapa por la cual todo nene pasa.
Una vez que se pasan veinte años sin poder comer una verdura, ya los límites se cruzaron, es definitivo que existe un problema más allá del capricho.

Cuando era chica, se trataba de justificar con respuestas llenas de nada. Según mi pediatra no tenía nada, estaba creciendo bien, asi que mi mamá no se tenía que preocupar por nada, ya va a pasar. Más allá de no comer en mi casa o no comer cuando iba a lo de mis abuelas, había que explicar a todo aquel que tuviera la voluntad de invitarme a comer que no tenia que tener nada verde la comida. Que con un churrasquito con puré (de papas, porque la calabaza no la podía ver) estaba bien, que no se preocuparan, que si era mucho problema iba después de comer.


Una vez que fui creciendo y empecé a organizar por mi misma mi vida social extrafamiliar, la que daba excusas era yo. Una de las mas repetidas era sabes, no me gusta eso, preferiría comer esto otro o sino la búsqueda frenética en los meses de los restaurantes comidas sin verdes, sin rojos, sin colores en definitiva. O sea, con un bife de chorizo con papas fritas yo estaba más que bien.

Si, los pronósticos de mi pediatra se cumplieron, llegué al máximo de crecimiento (mido 1,80mts, el doble de lo que medía a los dos años), pero con muchísimos inconvenientes detrás: un sobrepeso excesivo, dolores en las rodillas, en la cintura, en la espalda. Todo producto de una falta de dieta variada. Ya había sobrepasado el capricho. Cada vez que intentaba probar algo que no estuviera dentro de mi menú habitual era una carrera sin obstáculos al baño a vomitar. O sufrir nauseas con solo pensar en probar u oler algún plato de esos que los demás comían con todo el gusto del mundo. Mi limitado mundo de carnes rojas, pollo, papas, arroz, arvejas, esporádicas pastas y zanahorias me estaba haciendo mucho daño.

Comencé a manifestar manchas en el cuerpo, producto de una elevada insulina en sangre, por lo que mis nuevas médicas se pusieron firmes para hacerme entender que necesitaba un cambio en mi vida. Empecé con una terapia que me ayudó a entender la enfermedad de mi padre pero que no me ayudó nada con el tema de la comida. Hasta que salió un artículo en el diario Clarín en el verano de 2005 sobre los comedores selectivos y los centros donde se ofrecía ayuda para estos. Ahí me di cuenta que no estaba sola en el mundo y que había gente preparada para ayudarme.

Me costó acercarme al Fobia Club. Siempre encontraba una excusa para no llamar, hasta que un día, comprando unos libros con mi mamá me decidí, crucé la calle, entré en un locutorio y llamé. En mi mente ya sabía lo que me estaba pasando, yo quería un turno con algún profesional y que empezara el tratamiento. Pero me mandaron a la charla informativa, eso me enojó mucho, porque yo quería que las cosas se resolvieran en ese mismo momento. Una vez que había tomado la iniciativa y tenía que seguir ciertos pasos antes de llegar a la consulta. Me callé la boca y con un coraje que no sabía donde lo tenía guardado, fui a la charla informativa. Por supuesto llegué tarde, me senté en el fondo escuché todo lo que dijeron y me fui, tratando de pasar desapercibida.

El día siguiente lo primero que hice al levantarme fue llamar al Fobia Club para pedir un turno para la consulta de orientación con el Dr. Gustavo Bustamante, que fue en abril de 2005. Hice todos los estudios que me ordenaron, las consultas necesarias y el tratamiento formal empezó el mediodía del 6 de junio. En cuatro sesiones con la Lic. Valeria Marzucco interioricé ciertas herramientas para enfrentar mi fobia a los vegetales, o lachanofobia. En julio ya me estaba enfrentando al enemigo, una ensalada de lechuga. Pero la comí, con algunos pensamientos negativos presentes, pero sin la visita habitual al baño. Así seguimos probando distintas alternativas llenas de colores y sabores nuevos, combinando cosas que jamás hubiese pensado que iban a pasar a mi estómago. En el medio del tratamiento falleció mi papá, lo que me dio mucha inseguridad porque él era un pilar en esta recuperación del tiempo perdido. Por suerte ganó la voluntad al miedo y a la tristeza y seguí adelante, no solo comiendo en el consultorio, sino comiendo en casa y, muy de a poco, comiendo enfrente de distinta gente que no fuera mi mamá.

El martes 13 de diciembre de 2005 fue la exposición crucial, el día V, la visita al restaurante vegetariano. Me sentí muy orgullosa de poder comer algo fuera de la rutina, algo que no fuera preparado cuidadosamente por mi mamá y con la gente que pasaba e inevitablemente miraba.

Tengo que seguir con el tratamiento de medicamentos, bajo la atenta mirada de la Dra. Rivetti y el Dr. Carrión, e ir a sesiones mensuales con la Lic. Valeria, pero la terapia fuerte, casi de shock al decir de mis amigas, ya pasó a la historia. Todo depende de mi, seguir probando comidas nuevas, incorporar nuevos sabores a mi dieta, no dejar que el miedo a lo desconocido se apodere de mi y me paralice, porque eso sería traicionarme a mi misma y a todos aquellos que están a mi lado queriendo que mi vida mejore para siempre.

DIANA MOLINA
[email protected]

Fobia a los insectos

Fobia a los insectos

Hola. Soy Martín Pueblas, tengo 14 años y les escribo porque me gustaría contar mi experiencia en el Fobia Club y poder ayudar a gente que padece de alguna fobia. Todo empezó un día cuando en el diario Clarín vi un informe sobre las fobias en el cual se mencionaba al Fobia Club.

Les cuento. Yo le tenía fobia a los bichos: abejas, cucarachas, abejorros, grillos, etc. Era ver uno y ya ponerme alerta, respirar entrecortadamente, subía mi ansiedad, en fin los síntomas de un fóbico ante la situación temida. Esta fobia la tuve aprox.

Desde los 8 años. Mi mamá me decía que con el tiempo se me iba a curar, pero resultó ser al revés: a medida que pasó el tiempo la cosa se agravó; ya me costaba mucho pasar cerca de una planta, la primavera y el verano casi no me gustaban un montón de cosas que empeoraban mi calidad de vida. Yo siempre les dije a mis papás que me quería curar la fobia, y estaban buscando un lugar para curarme. Cuando apareció la nota del diario Clarín la guardamos (era otoño).

Pero un día de agosto que hizo calor, abrí la puerta y entró un moscardón; mis papás ya se habían acostado y yo me quedé leyendo un rato. Cuando entró el moscardón la sangre se me congeló y me fui corriendo a mi pieza cerrando la puerta. Estuve indeciso durante 20 minutos y luego me animé a abrir la puerta. Salí y vi al moscardón en el baño, en la pared opuesta a la puerta. Cerré la puerta del baño enseguida, sin apagar la luz. Le hice una nota a mi papá poniendo que me perdonara y que no lo podía controlar; hasta le hice la cuenta de cuánto gastaría la luz prendida toda a noche (0.01$). Así que le dejé la nota y me encerré en mi pieza. «Sellé» la puerta con una toalla y puse Cinta Scotch en la cerradura. A pesar del calor me tapé hasta arriba y tardé en dormirme.

Este hecho hizo que mis papás buscaran una solución rápidamente, y mi mamá se acordó del recorte del diario. Concurrimos a la reunión que todas las semanas tiene lugar en la calle Junín 1445 (Cap.), y luego de escuchar las palabras del Dr. Carrión fuimos a pedir un turno para ver el tratamiento que tendría que seguir.
Después de hacerme los análisis que me mandaron a hacer , comencé el tratamiento psicológico con el Dr. Gustavo Bustamante.

En la primera sesión fuimos a una librería a tocar fotos de bichos; no me costó mucho, pero no cambió mucho mi vida (el Dr. Gustavo me había dicho que aprox. En 8 sesiones, 1 por semana, tendría que estar curado).

En la segunda y tercera sesión fuimos a la plaza que está en frente al cementerio de Recoleta. Había unas flores donde había muchas abejas, y de repente pasó un abejorro zumbando fuerte, y yo corrí grite, lloré, me sentí mal todo al mismo tiempo. Ahí Gustavo pudo ver Mi Fobia. Obviamente mi vida no cambió, pero tuve paciencia.

En la siguiente sesión fuimos a los canteros que hay en el Village Recoleta, y no tuvimos mucha suerte. Luego en la siguiente semana tuve que atenderme con Jacqueline porque Gustavo no podía. Fuimos a la plaza que está enfrente del cementerio de Recoleta, y me quedé 45 minutos abajo del árbol de las abejas; un avance muy importante, pero no el más importante.

La siguiente sesión fue con Gustavo. Le conté lo que había hecho con Jacqueline y fuimos a los canteros del Village Recoleta, sin éxito alguno. Ahí Gustavo me dijo que la próxima sesión sería en el Jardín Botánico. Así que ahí fui (aunque nos desencontramos) y creo que esta fue la sesión más importante.Caminábamos por el Botánico en busca de «mis amigos» cuando de repente vi un abejorro (uno de mis bichos más temidos) y se lo dije a Gustavo: me dijo que me acerque.

Poco a poco me fui acercando al árbol, muy nervioso, con mucho miedo. La verdad es que la pasé muuuuuy mal. En un momento había 10 abejorros sobre mi cabeza y yo quieto abajo a punto de llorar. Hasta que se acercó uno aproximadamente a medio metro y no salí corriendo. Consumí toda la fuerza de voluntad que tenía y al final ya los abejorros no me asustaban tanto; hasta vi como chupan la flor. Después de 20 minutos abajo del árbol ya me podía reír y estar algo relajado.

Ya casi no tenía miedo. En la próxima sesión fuimos al mismo árbol, y había algunos abejorros, pero esta vez me acerqué sin miedo, ya directo abajo del árbol. Gustavo me tiraba ramitas, pero ya no me sobresaltaba como antes: me quedaba quieto contemplando los abejorros. Me sorprendí a mí mismo. En la última sesión Gustavo me dio como tarea tocar un abejorro, y lo hice. Costó porque vuela muy alto y en cuanto uno los quiere tocar se van. No sentí nada más que el golpe que me di con el abejorro (antes veía uno a 10 metros y ya me ponía mal).
La verdad estoy muy contento porque mi vida cambió mucho. Ahora estoy disfrutando mucho del verano y voy a poder ir al club a jugar al aire libre, dormir debajo de árboles, etc. Estoy muy agradecido con la Fundación y obviamente con Gustavo, ya que fue el que me ayudo a superar mi fobia.

Martín Pueblas

Fobia a las inyecciones

Fobia a las inyecciones

Mi nombre es María Eugenia Canada, tengo 11 años de edad mi testimonio es el siguiente:
Cuando tenía 6 años tuve que aplicarme una vacuna correspondiente a esa edad, yo no sabía mucho lo que era sacarse sangre o aplicarse vacunas.

Al llegar al hospital me aplicaron la inyección, yo sentí muchos nervios, un dolor terrible, estaba muy mal, era la primera vez que pasaba por esa situación, no quería repetirla.

Después de aquella experiencia nunca más pude exponerme a las inyecciones!
Como yo tengo muchos miedos, mi mamá decidió llevarme al «FOBIA CLUB» donde me iban ayudar a superarlos. Mi primer consulta fue con el Dr.Gustavo Bustamante y el Dr. Carrión, quienes me explicaron que una de las primeras cosas que debía realizar para empezar el tratamiento era un estudio de sangre ahí me volvieron todos los recuerdos de los 6 años de edad, aquella inyección tan fea y dolorosa!, me puse muy nerviosa y me negué a realizar ese estudio.

Le dije al doctor que me daba terror sacarme sangre y me respondió que no había problema que primero iban a tratar mi fobia a las inyecciones. Estuve varias semanas (16 sesiones) para tratar este miedo, hasta que se me fue yendo poco a poco, y finalmente pude hacerme el estudio y hoy puedo sacarme sangre sin ningún problema!!!

Les aclaro que otro de mis miedos es a la oscuridad y a dormir sola, pero recién estamos comenzando a trabajar esta fobia, el nuevo desafío en mi tratamiento es contarles en breve tiempo (próximo testimonio) cómo lo fui superando.

LES DOY LAS GRACIAS A VALERIA MARZUCCO POR AYUDARME Y TENERME TANTA PACIENCIA. TAMBIEN AGRADEZCO A LOS DEMAS DOCTORES QUE ME TRATARON TAN BIEN.
MUCHISIMAS GRACIAS PORQUE HOY YA NO TENGO MAS MIEDO A LAS INYECCIONES.

Si alguien tiene alguna duda o se siente identificado con lo que les conté, pueden pedir mi mail en la institución.